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¿Qué entendemos como “Campo de Montiel”?

por Pedro R. Moya Maleno

Es mi intención hacer un rápido recorrido por las distintas acepciones de los que se considera “Campo de Montiel”, unos escenarios que, precisamente por lo voluble de la Historia, tienen que ser conocidos ante cualquier tipo de análisis. Y es que el topónimo de “Campo de Montiel” presenta una realidad político-administrativa paralela a la orográfica que le acarrea constantes imprecisiones y en la que radican las posteriores interpretaciones históricas.

En cuanto a la acepción geofísica, se trata de una comarca natural de aproximadamente 64×75 km situada a caballo entre el sureste de la provincia de Ciudad Real y el este de la albaceteña y cuya morfología destaca por ser una altiplanicie que bascula hacia el oeste (fig. 1). Esta peculiar “meseta sobre la Meseta” se alza desde la llanura manchega (700 m.s.n.m.) hasta los 1100 m.s.n.m. pero quedando confinada bajo las cordilleras Penibéticas de Sierra de Alcaraz-Segura y Sierra Morena, cuya altitud media es de 1500 m.s.n.m.

Ahora bien, aunque se pueda intuir cierta comarcalización en la existencia de un Campo Laminitano en torno a la ciudad iberorromana de Laminium (Alhambra, Ciudad Real), la confusión se debe principalmente a la división artificial de sus vertientes este y oeste desde, al menos, la Reconquista; enmarcados en un proceso de expansión de las distintas fuerzas cristianas, el extremo oriental (c. 27%) estuvo bajo la influencia de la serrana Alcaraz, villa de realengo. Por su parte, las tierras centro-occidentales (c. 70%) estaban administradas por la Orden de Santiago y tuvieron inicialmente como cabezas a Alhambra, Torre de Juan Abad y a Montiel. A ello se ha de unir una historia posterior marcada por frecuentes disputas, pactos de distinta índole, anexiones y escisiones de poblaciones que han acabado por conformar un mapa de identidades y territorialidades paralelas en el que se superponen irregularmente la distribución administrativa, la judicial, la eclesiástica y las de otras instituciones supralocales.

La denominación de Campo de Montiel aparece ya ligada al oeste de la comarca en momentos tempranos, cuando la mesa maestral separa el Priorato de Uclés de las tierras en torno al núcleo de Montiel pero cuya jurisdicción alcanzaba la vertiente sur de Sierra Morena con las encomiendas de Segura de la Sierra y de Santiago de Montizón (Beas de Segura, Santiesteban del Puerto, Montizón, Chiclana o Torres de Albanchez). El topónimo se asienta en 1353 cuando se crean el Común de la Mancha y el Común del Campo de Montiel, este último sobre las encomiendas de Alhambra y La Solana, Carrizosa –y la posterior Infantes–, Membrilla –y Alcubillas–, Montiel –y La Puebla, Cózar, Ossa y Santa Cruz–, Ruidera, Torres y Cañamares, Villahermosa –y Fuenllana–, Villanueva de la Fuente, Santiago de Montizón (Villamanrique, Torre de Juan Abad y Castellar), la encomienda de Bastimentos y sobre parte de la Mayor de Castilla –Almedina, Terrinches y Torrenueva–. En efecto, sea por legitimación o por tradición en su uso, el nombre de Montiel siguió presidiendo este territorio incluso cuando en los dos siglos siguientes finalizan los procesos de sinecismo de las aldeas de repoblación y la capitalidad de la Vicaría y Gobernación pasa de Montiel a Membrilla y, finalmente  hasta hoy día, deviene a Villanueva de los Infantes.

En 1575 Villanueva de los Infantes es sede religiosa y política y el mapa que se adjunta en las Relaciones Topográficas de Felipe II es el que ha quedado en el imaginario colectivo como el “Campo de Montiel Histórico”. Este croquis comprende 19 villas y 5 aldeas entre los que se confirma la tradicional inclusión de dominios en la periferia oeste de la altiplanicie –Membrilla, Castellar de Santiago y Torrenueva–.

 Altiplanicie del Campo de Montiel

En 1691 se crea la Intendencia de La Mancha con sede entre Ciudad Real y Almagro y, pese a la subordinación de la entidad política del Campo de Montiel, en términos judiciales el partido de Infantes seguía ocupando otros pueblos de Ciudad Real (Castellar de Santiago, Membrilla, La Solana, Torrenueva, Altillo, Campo de Criptana, Socuéllamos, Tomelloso) y se extendía por las provincias colindantes de Jaén (Beas y Chiclana de Segura), Albacete (Ossa de Montiel), Cuenca (Hinojoso de la Orden, Santa María de los Llanos, Horcajo de las Torres, Villamayor de Santiago) y Toledo (Cabeza Mesada, Miguel Esteban, Quintanar de la Orden, El Toboso y Villanueva del Cardete) (Madoz, 1850: 263).

En 1773 segregaron el Real Sitio de Ruidera y en 1789 el partido de Infantes, junto al de Alcaraz, Almagro y al corregimiento de Ciudad Real, quedaría englobado dentro de la Provincia de La Mancha tras la reforma administrativa del conde de Floridablanca y, finalmente, el modelo de provincias autosuficientes y homogéneas ideado en el primer tercio del siglo XIX (RD 30-XI-1833) reformó sus demarcaciones hasta el punto de enviar Ossa de Montiel a Albacete, y limitar el topónimo del Campo de Montiel al nuevo partido de Infantes sin los núcleos adscritos a Valdepeñas (Castellar de Santiago y Torrenueva), a Manzanares (Membrilla, San Carlos del Valle y La Solana) y a Alcázar de San Juan (Ruidera). La altiplanicie en tierras albaceteñas duplicaría la acepción de campo/s de Montiel como un mero concepto geográfico y perteneciente a 3 partidos judiciales distintos.

La confusión terminológica se completa con la existencia paralela hasta 1835 de la antigua Comunidad de Pastos del Campo de Montiel, una de las instituciones más destacadas en la región, que había estado formada también por Beas de Segura y Chiclana.

A efectos prácticos, bien sea por la propia red de comunicaciones, por las efemérides quijotescas o por su simbología a lo largo de los dos últimos siglos, llama la atención que el referente espacial para los viajeros y estudiosos haya sido La Mancha, como amplia región del Sur de la Meseta mientras que la región volcánica calatrava o la altiplanicie del Campo de Montiel quedan como apéndices o “áreas peculiares” inclusas en la anterior. El altipaís montieleño se difumina y se alarga al gusto del autor y así, entre los siglos XVI y XVII, simplemente no existe en Mariana, Ocampo y Garibay o, como introduce Zurita, la Mancha de Monte Aragón se expande desde Albacete hasta Alhambra.

A principios de 2004 el disloque prosigue y se incrementa en la configuración de la comarca y se ha acrecentado con la una fractura entre el norte (Membrilla, La Solana, Alhambra, Carrizosa y Ruidera) y el sur, tal y como reflejan las mancomunidades y los grupos de acción local: La Mancha Norte, Tierras de Libertad y la Mancomunidad Campo de Montiel ‘Cuna del Quijote’, las cuales aúnan algunos municipios en diversas combinaciones y a su gusto.

La localidad más pujante de la altiplanicie es La Solana (15.255 habs.) en detrimento de los antiguos núcleos predominantes –Montiel (1666 habs.) o Infantes (5800 habs.)–, los cuales se hayan en franca recesión.

(este texto pertenece casi íntegramente a la introducción del artículo 

Moya Maleno, P.R. (2006): “García y Bellido y la Arqueología del Campo de Montiel (Ciudad Real-Albacete): aproximación historiográfica”, en P.R. Moya Maleno (Ed.): Antonio García y Bellido. 1903-2003. Asgarbe. Villanueva de los Infantes. pp. 63-138

y puede descargarse en http://www.arqueologopedrormoya.es/publicaciones.php)

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